Poema a quien no me lee.

Si me miras y no me ves

si me gritas y no te escucho

si me conoces y no te cuadro

si me buscas y no das conmigo.

 

Si me plantas y no florezco

si me creces y sigo pequeña

si me quieres y no te lloro

si me lloras y no te espero.

 

Si me cantas y no te beso

si me logras y no te alcanzo

si me tocas y no te estremezco

si me erizas y no te sangro.

 

Si me quieres y no te llego

si me bebes y no te sacio

si me lames y no te endulzo

si me abrazas y no te escapo.

 

Si me callas y no te callo

si me recorres y no te cansas

si me aguantas y no te cierro

si me amas y yo te amo.

 

 

 

 

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Europa, inserte un título

La noche se vuelve

más brillante que negra,

y con los primeros estruendos

los ruidos cotidianos cesan.

¿Sentis vergüenza de que ellos sean más intensos?

¿Os da rabia, quizás, su poder para destruir?

Y de amedrentar

y castigar

y cesar

y matar.

 

La luz, huérfana de ilusión

que no da, que quita.

Que no consuela,

que duele.

Que provoca esas pesadillas

que debería, en cambio, combatir.

El ruido, preñado del caos,

que vacía la ciudad,

que arrincona la libertad.

Que calla las canciones

y eclipsa las miradas.

 

Y desde aquí, ¿qué hacer?

Desde aquí, que no nos llegan

ni los ruidos sordos,

ni las luces ciegas.

Solo los lamentos, los lloros.

Los papeles que se empapan

en un mar de soledad.

En un campo sin refugio.

En una tierra sin salvar.

En ese lugar con nombre de esperanza,

pero cara de crueldad.

 

Y sin embargo, puedo decir

que mi casa es la vuestra.

Mi mar, vuestro mar.

Mi vida, os la presto

aunque de ella otros os quieran privar.

 

Y si algún día las luces

se emplean nuevamente para iluminar,

y los sonidos de nuevo sirven para consolar,

espero que encontréis (encontremos) el consuelo

que muchos nos quieren arrancar.

 

A Laura, en diez años.

Querida, queridísima Laura

Te escribo desde el comienzo del último año de mi adolescencia, desde el principio del fin de esta etapa que ha sido, como supongo que podrás comprobar con la sabiduría que da el tiempo, tan preciosa como nos hemos merecido siempre. Esta carta no es solo una licencia literaria, no es un recurso estilístico que solo busque forma y olvide fondo. La escribo con verdadera intención de que en diez años, cuando estés tan cerca de empezar otra nueva etapa como lo estoy yo ahora, puedas leerla.

Espero que cuando lo hagas te hayas ido de muchos sitios, también de aquellos donde lo más lógico era quedarse. Espero que sigas pensando, como yo ahora, que la vida es demasiado larga como para pasarla entera en el mismo lugar, y demasiado corta como para no decidirse a los cambios. Espero, por supuesto, que sigas confiando en tu instinto. Y que te siga fallando tantísimo como me falla a mí. Espero que hayas hablado de filosofía con un ingeniero y de matemáticas con un lingüista, y que hayas entendido a aquellos que te discuten hasta lo más básico. Espero que hayas comprendido que los ídolos no son más que construcciones que se separan demasiado de la realidad. Y que, sin embargo, sigas teniendo tantos como tengo yo.

Espero que hayas sido capaz de tomar al menos una decisión racional y que, al hacerlo, te hayas dado cuenta de que la lógica no es tan útil como todos nos cuentan. Espero que hayas aprendido tantísimo sobre tantas cosas, que hayas llegado a entender que no tienes ni idea de nada. Espero que sigas curándote el corazón con Cortázar y el alma con Miguel Hernández, que sigas llenando todos tus vacios con Pink Floyd y que Dalí esté ahí siempre, sea cual sea la situación. Espero que aún tomes lecciones de Bukowski y de Calderón, que te abrume Neruda, y que Gabo te acerque tanto al placer como el mejor de los amantes. Espero que no hayas dejado de leer a Kundera solo porque cada dos capítulos se te llenen los ojos de lágrimas, y que los Beatles acompañen aún todas tus decisiones importantes. Espero que confíes en Sabina y en Llach para entenderte a ti misma, y que siga siendo Robe quien te susurre que tienes que dejarte llevar. Espero que hayas encontrado mil nuevas perspectivas a Van Gogh y que sigas pensando que, al lado de Klimt, eres un ser humano inferior. Espero que aún vuelvas a Hogwarts como quien vuelve a casa, y que los escritos del Ché sigan haciéndote sentir tan pequeña (y tan fuerte) como una hormiga.

Espero que seas tan libre como Simone y vueles tan alto como Frida, que sientas como Janis y que te hayas sentido dueña de ti misma cada instante que puedas recordar. Espero que sigas siendo feminista, con todas las letras y en todas las situaciones, y sigas entendiendo la lucha como algo para todas y también para ti. Y que nunca, nunca, hayas vendido tus ideales al mejor postor. Espero que sigan siendo tan puros y brillantes como lo son mientras te escribo estas líneas. Espero que tengas muchos, muchísimos hijos, de esos que no lo son de hecho pero si de efecto: intelectuales, de pensamiento. Y que tú al tiempo seas hija de cuantas más mentes mejor. Recuerda, nunca olvides, que el primer paso a la opresión es la ignoracia. Espero que sigas luchando con todas tus fuerzas por aquello que siempre va a merecer la pena.

Espero que hables ya más de cuatro idiomas o que, si no lo haces, al menos hayas hecho algo que te apetezca tanto como a mí me apetece eso. Espero que hayas visto tantas cosas bonitas que te emocione solo el recordarlas, y tantas cosas tristes que sigas pensando que todo merece la pena por intentar cambiarlas. Espero que hayas perdonado a todos a quienes yo aún no he sido capaz, empezando por ti, por mi. Espero que ya no me culpes por haber sido tan cobarde tantas veces. Espero que sigas pensando que la libertad es más importante que a seguridad, y que viajar siempre va antes que la estabilidad. Y si ya no lo piensas así, espero que de todas maneras seas muy feliz. Espero que sigas llevando un cuaderno a todas partes y te pares a anotar cada detalle y cada risa que te llenen. Y que, cuando quieras convertirlos en textos con fundamento, sigas dándote cuenta de que los trazos son muy a menudo mucho más bellos que los cuadros completos.

Espero que sigas pensando que el amor es lo más bonito que tenemos, y que lo expreses de mil formas. Me gustaría pensar que, contra todo pronóstico, aún amas con toda tu alma a esas personas a las que tanto amo yo. Que pese a que a veces duela sigas teniendo la firme convicción de que ese amor te hace más fuerte. Espero que sigas sin poder tomar un chupachups de manzana o un vaso de zumo de naranja sin que te invada la nostalgia. Puede que sea tan duro como lo es ahora, pero es lo más cercano que yo, al menos, conozco a ser una persona. Espero que sigas emocionándote con todas las películas que veas, que Paddington te arranque unas lágrimas y que la música para sordos te haga sonreír. Espero, en definitiva, que sigas siendo capaz de amar a una persona tanto como lo soy yo. Espero que sigas escribiendo poemas a aquellos que ya no te leen, y que sigas buscando el amor de tu vida aunque estés tan convencida como yo de que ya has conocido a un par de ellos, y de que te quedan aún varios por descubrir. Espero que seas una persona diferente a mí, pero que nunca me olvides, y que me encuentres en las pequeñas cosas que aquí te describo, como tu vieja amiga que soy.

Espero que hayas hecho todas y cada una de estas cosas, o ninguna. Simplemente, espero que hayas sido feliz. Espero que te quieras tanto como te quiero yo ya, y eso que aún no te conozco. Aguardo con impaciencia el día en que nos encontremos. Ahora, a tus 29 años recién cumplidos, te queda uno entero para cumplir todos los deseos que esta carta pueda volver a despertar en ti. Espero que puedas hacerlo antes de que la cosa se ponga seria de verdad. O que, con un poco de suerte, te des cuenta de que nunca tiene porqué ponerse seria del todo. Te deseo lo mejor para este vigesimonoveno año de tu vida. Hazte muy feliz, hazme muy feliz.

Tuya, mía, nuestra siempre

Laura

Tuya

La ciudad es tuya,

y tuyas son sus calles.

Tuyo es el olor que desprende,

y sus ruidos son tuyos.

 

La ciudad es tuya

pero se empeña en cambiar.

 

Sigue la vida,

pasan los días.

 

La ciudad es tuya,

y su gente también.

 

Oporto es tuya, Madrid y Londres.

 

La ciudad es tuya, y es siempre. Tuya.

Lucía

Eres frío que quema y distancia íntima

y las flores te miran y se estremecen

de lástima o de envidia,

de deseo o de miedo

ante tu presencia clara.

 

Eres ligera y enigma,

arte y pregunta,

y en ningún momento permites

ni un atisbo de tu alma

saliendo de tu mirada.

 

¿Acaso eres tú la estremecida

de lástima o de envidia,

de deseo o de miedo,

cuando las flores te miran?

 

¿Acaso temes las respuestas

que partan del alma tuya

y se desvanezcan en un instante

detrás de tu pupila clara?

 

Quizás el pasado en tu nombre

en el presente pierda su fuerza

 

O quizás seas luz pulsante

de sol, calor y arte.

En Londres llueve

En Londres llueve y el extranjero

quiere buscar el sol en tus manos congeladas.

Y el que no sabe que Londres

es lluvia y sol

y lluvia al mismo tiempo,

nunca saldrá de sus flores rojas,

ni de sus avenidas grises,

ni del tú tan arte.

 

Londres llora y yo con ella

y no se ven las luces que refleja el río.

Y el extranjero sigue buscando

todo aquello que ya nunca será.

Aunque sigas caminando todas las baldosas

y seas aún más azul que el cielo azul,

los gigantes de hormigón seguirán mirando desde arriba

y esas manos de sol no estarán aquí.

Sometimes

Sometimes the world seems to fall apart,
and quickly come back together as though it had never been broken.

Sometimes you need to fall asleep at once,
just in order to realise how deeply tired of existing you were.

Sometimes one must stop for a while and say,
hey, I just realised that I want to watch you draw a smile every second,
blink because of the light every day,
laugh as if tomorrow was nothing but us,
cry whenever you feel like doing it,

Sometimes one just has to be true.